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23 de octubre de 2010
Mensajeros, de María Eugenia Mendoza
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María García Esperón
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10/23/2010 08:29:00 a. m.
Dedicado a las madres
En lugares lejanos dos mujeres despertaron al mismo tiempo.
La primera se asomó a la ventana, miró el limpio cielo de media noche justo para descubrir el espectáculo único de una estrella fugaz.
Se sintió una con el universo.
Deseó compartir ese momento mágico con su hija, quien estaba al otro lado del océano, pero para no perturbar su sueño, se dirigió a su mesa de noche y comenzó a escribir una carta.
La otra también se asomó a la ventana y descubrió con los primeros rayos del amanecer un hermoso colibrí revoloteando entre las flores de su balcón.
Se supo una con la naturaleza.
Necesitaba describirle a su madre la escena pues no todos los días comienzan así. No lo pensó mucho tomó el teléfono y marcó el número de casa.
(C) María Eugenia Mendoza
Texto y voz: María Eugenia Mendoza
Música: Canon. Yiruma
Realización: María García Esperón
MMX
21 de octubre de 2010
Oda a mi madre, de Aurelio González Ovies, en la voz de María Eugenia Mendoza
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María García Esperón
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10/21/2010 06:45:00 p. m.
Cómo voy a negarte
la sencillez azul de alguna tarde,
las palomas que vienen a este árbol
a mirar cómo cantas;
cómo voy a olvidarte,
a no quererte,
si me enseñaste a dividir por cuatro cifras
sobre un papel de estraza;
¡qué fácil resultó
con, solamente
ver tus dedos
sumándose a los míos!
¿Crees que podría decirte
que ya no me apeteces,
que ya no tengo tiempo para hablarte?
si me enseñaste todos los nombres
de la vida,
todas las capitales
girando sobre océanos
todos los territorios
sembrados con sus razas:
¡qué hermosa caminaba
tu mano sobre el mapa!
Cómo voy a gritarte
cuando no te sujetes,
cuando no haya equilibrio
más allá de tus labios,
si la primer imagen
de la tierra,
la vi desde los alpes de tu cuello,
la hablé cogiendo un trozo
de tu habla;
¡qué dulce me cayó
la eme que recuerdo
de tu primer palabra!
Cómo voy a dejarte,
¿crees que podría perderte?
Cómo voy a olvidarte.
(C) Aurelio González Ovies
Voz: María Eugenia Mendoza
Música: Yiruma
Realización: María García Esperón
MMX
9 de octubre de 2010
Golpe de suerte, de Marcelo Suárez De Luna, en la voz de María Eugenia Mendoza
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María García Esperón
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10/09/2010 06:23:00 p. m.
Quemé tus cartas
olvidé tu teléfono
borré tu correo
me cambié de ciudad
rompí tu foto
regalé tus libros
(incluso los dedicados)
dejé de nombrarte
ni siquiera te pienso
y sin embargo esta noche
tiraría los dados una vez más.
(C) Marcelo Suárez De Luna
Poesía Imperfecta
Voz: María Eugenia Mendoza
Realización: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX
5 de octubre de 2010
Finales felices, de Marcelo Suárez de Luna, en la voz de María Eugenia Mendoza
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María García Esperón
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10/05/2010 03:32:00 p. m.
A él le calculo ochenta y siete
(a ella, ochenta)
llegan casi al cierre al restaurante
(¿de dónde vienen?)
De arranque piden vino,
queso y pimientos
(¡le ponen sal!)
después fuccile
pesto y tuco.
Mientras tanto
se comen con los ojos
y conversan toda la comida
(son dueños del tiempo).
Él tiene un cigarro en el bolsillo.
Piden la cuenta y yo
que tengo la mitad de sus edades
los envidio como si fueran
estrellas de rock.
Y es que lo son.
(C) Marcelo Suárez De Luna
Poesía Imperfecta
Voz: María Eugenia Mendoza
Realización: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX
30 de septiembre de 2010
María Eugenia Mendoza: las ideas en continua expansión, por Anabel Sáiz Ripoll
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María García Esperón
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9/30/2010 07:51:00 p. m.
María Eugenia Mendoza Arrubarrena es una escritora mexicana de múltiples registros e intereses, como nos muestra Anabel Sáiz Ripoll en su más reciente artículo en Suite 101:
21 de septiembre de 2010
¿En dónde quedó el conejo?
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María García Esperón
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9/21/2010 01:18:00 p. m.
1 de septiembre de 2010
María Eugenia Mendoza, estudio de Anabel Sáiz Ripoll
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María García Esperón
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9/01/2010 05:47:00 p. m.
![]() |
| María Eugenia Mendoza Arrubarrena: "Los blogs son espacios de libertad, de acercamiento, de comunicación" |
Ha tocado ahora el turno de la escritora mexicana María Eugenia Mendoza Arrubarrena. Vengo de leerlo y me quedo con la impresión de haber estado unos minutos más que en una propuesta literaria, en un planeta entero, nuevo y fuerte.
María Eugenia, leída por Anabel, se nos revela con una propuesta literaria y existencial tan intensa, congruente, comprometida y realista que todos estos adjetivos sobran para describir a una mujer que se autoposee y se proyecta a través de sus letras como un ser humano pleno y vital.
Desde Voz y Mirada, felicitaciones a ambas creadoras, porque su diálogo es generador de mejores y nuevos mundos, en los que muchos anhelamos conocernos y re-conocernos. (MGE)
María Eugenia Mendoza
Por Anabel Sáiz Ripoll
Datos biográficos: Inquietudes personales
![]() |
| Anabel Sáiz Ripoll |
De procedencia humilde, Maru Mendoza admira el trabajo de sus padres y todos sus sacrificios. Por eso, podemos decir que se trata de una autodidacta, de una mujer que se ha hecho a sí misma, observando, aprendiendo día a día, con tenacidad y empuje; de ahí que su obra, en desarrollo, nos parezca tan atractiva. Algunos libros, que ella reconoce como importantes en su vida, marcaron sus principios literarios: fueron “Demian, Cien años de soledad, Un mundo feliz, El Profeta, El principito, La ciudad y los perros, Crónicas marcianas y un montón de obras de ciencia ficción, me encantan Isaac Asimov y Ray Bradbury.”
María Eugenia Mendoza, Maru como la llaman sus amigos, estudió Periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante veinte años fue productora y conductora de programas de radio, tanto en emisoras privadas como culturales (Radio Infantil, Radio Red, Radio Mil y Radio UNAM), cuya temática principal era la divulgación de la ciencia, la educación y la cultura alimentaria. Ha colaborado en la sección Buena mesa!, del periódico Reforma y en diversas revistas culturales y educativas.
Estudio completo en Arena y Cal
26 de agosto de 2010
En la tradicional venta nocturna del FCE
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María García Esperón
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8/26/2010 08:51:00 p. m.
| Yessica Cortés, promotora de lectura del FCE, me invitó a firmar libros a la Librería Rosario Castellanos, donde estuvimos muy contentos. |
| Saliendo de las fauces del hipopótamo con mi muy querida Maru Mendoza Arrubarrena. |
| Una animada charla entre ilustradores, autores y animadores. |
Y...
Buenos Aires en México
Buenos Aires en México
A una cuadra de la Librería Rosario Castellanos, del FCE,
un rincón de Buenos Aires en México, para enviar
un saludo afectuoso hasta Argentina para Alejandra, Cristina,
Marcelo y Susana.
22 de agosto de 2010
Peligro en la aldea de las letras, reseña de Anabel Sáiz Ripoll
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María García Esperón
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8/22/2010 08:03:00 p. m.
de María Eugenia Mendoza Arrubarena. Publidisa Mexicana, México, 2008.
Por Anabel Sáiz Ripoll.
Hilaria es una jovencita vivaz, lista y muy observadora. Le gustan mucho las tareas escolares y disfruta aprendiendo, por eso participa en un concurso muy especial que le brindará la posibilidad, no solo de ganar un estupendo viaje, sino la de conocerse mejor a sí misma y a su propia familia, porque Peligro en la Aldea de las Letras viene a ser un viaje iniciático muy especial, ya que son las propias letras quienes, en sus especiales papeles de generadoras de la escritura y las palabras, se convierten en guías de excepción de Hilaria quien, ni por un momento, duda de que la Aldea de las Letras, a la que viaja de una manera casual, sea real; es más, vuelve a ella en un momento puntual para defenderla de ataques externos que hacen que el idioma se tambalee.
En esta ocasión, María Eugenia Mendoza Arrubarrena defiende el idioma, defiende la importancia de las lenguas maternas en el mundo, en este mundo global en que parece que solo dominen unas cuantas lenguas y las otras queden postergadas porque cualquier lengua, si sirve para comunicarnos y para entendernos, es importante. La escritora mexicana se centra en la Aldea de las Letras del español, pero puede aplicarse a cualquier idioma.
Interesa mucho el personaje de Hilaria, la niña protagonista, quien, con la ilusión intacta y las preguntas a flor de piel, pronuncia una encendida defensa de la letra hache que conmueve a todas las letras de la Aldea. Debido a un correo electrónico que recomienda la simplificación ortográfica, Hilaria encuentra el tema de su redacción y de su discurso, ya que la letra hache es muy importante para ella: ni más ni menos, es la letra de su inicial, pero estos son motivos egoístas que ella sabe superar y acaba entendiendo que, en el mundo de las letras, como en el de las familias, todos son importantes.
reseña completa en CULTURAMAS
22 de julio de 2010
Copo de Algodón: Reseña de María Eugenia Mendoza
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María García Esperón
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7/22/2010 06:18:00 p. m.
La escritora y queridísima amiga María Eugenia Mendoza ha publicado en su blog La Aldea de las Letras la primera reseña sobre mi novela Copo de Algodón, en la que pone de manifiesto su profundo compromiso con la historia de México, con nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Dar a luz este libro ha sido el conjunto esfuerzo de Ediciones El Naranjo, su directora Ana Laura Delgado, la editora Angélica Antonio, el ilustrador Marcos Almada Rivero, Rosario Ponce, Jonathan Minila... y el que una mirada de palabras conocedora y generosa como la de María Eugenia lo haya leído con esa claridad, viste a Copo de Algodón -y nos viste a todos- con el huipil de la esperanza. (MGE)
Copo de Algodón
María García Esperón
Ilustración Marcos Almada Rivero
México, Ediciones El Naranjo, 2010
ISBN: 978-607-7661-17-7
ISBN: 978-607-7661-17-7
María Eugenia Mendoza Arrubarrena
María García Esperón lo hizo de nuevo. Rescató del olvido a una princesa. La primera fue Cleopatra Selene, en la extraordinaria novela Querida Alejandría. Ahora nos presenta a Tecuixpo Ixtlaxóchitl, Copo de Algodón, Flor Blanca, hija de Teyhualco, princesa de Tacuba y de Moctezuma Xocoyotzin, el Gran Tlatoani de Tenochtitlan, "nacida el día 2 viento del año 5 conejo, en la gran ciudad de la laguna".
María García Esperón da voz a Copo de Algodón o quizá Copo de Algodón esperó pacientemente y por fin descubrió a María, quien la escuchó con amorosa atención y se convirtió en la portavoz de la hija consentida del Gran Tlatoani, quien tiene tantas vivencias que compartir con los herederos de los cimentadores del agua y con el mundo entero.
Copo de Algodón cuenta pasajes de nuestra historia desde la perspectiva niña, de testigo y protagonista en un tiempo y una cultura que a los ojos de la sociedad actual resultan dificiles de comprender. Cuando tiene ocho años asiste al sacrificio de la hija de su nana, la pequeña Quetzalli, quien lloraba mucho, y fue ofrendada, no como castigo sino como privilegio, a la diosa del agua Chalchiuhtlicue, la de la falda de jade.
Reseña completa en La Aldea de las Letras
26 de abril de 2010
María Eugenia Mendoza publica un nuevo cuento
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Voz y Mirada
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4/26/2010 06:16:00 p. m.
En el umbral se llama el cuento que la escritora mexicana María Eugenia Mendoza ha publicado en la Antología que con el nombre Entre gozos y rebozos acaba de editar Palabras y Plumas Editores.María Eugenia es muy conocida como autora de literatura infantil y juvenil, ahora, en su incursión en el género del cuento breve revela un estilo mordaz y un narrar la cotidianeidad desde una perspectiva que la penetra y exhibe.
El ritmo narrativo de María Eugenia acontece de una manera ágil y amena que hace que desde las primeras líneas el lector se entregue con docilidad, que se confíe dispuesto a pasar unos minutos de esparcimiento en la amable prosa de la narradora, y cuando más confiado está, María Eugenia le asesta en pleno plexo solar lector, el famoso knock out del que hablaba Cortázar, sorprendiéndolo hasta desencajar la mandíbula.
La temática de esta antología compilada por Herlinda Dabbah Mustri y Susana Arroyo Furphy es el campo. Al respecto, dice María Eugenia Mendoza:
Para quien escribe esto y tiene las raíces profundamente plantadas en el asfalto de la Ciudad de México, la mirada al campo siempre ha sido una mirada romántica, de respeto a quienes por tener contacto constante con la tierra y sus frutos entienden su idioma y éste les permite ver y hacer la vida de una manera muy diferente, no exenta de toda suerte de vicisitudes, pero tampoco de sueños y logros. Ojalá "En el umbral", cuento con el que participo, guste a los lectores.2 de febrero de 2010
ELQUI, de Carlos Marianidis, en la voz de María Eugenia Mendoza Arrubarrena
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Voz y Mirada
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2/02/2010 09:20:00 p. m.
Elqui
(En mapundungún: lo heredado)
Es cuestión de tiempo, nada más. Ahora juegan entre sus cerros. Sólo juegan.
Pero mañana, en un mes, el año que viene, serán como querubines ensayando, inocentes, la sonrisa del diablo.
Dónde estará su familia, se preguntará un hombre bien vestido que les rechazará la estampita, los mirará con desprecio y continuará cenando con los amigos y diciéndoles que no, que no se puede creer que en una tierra donde en otoño se te cae una semilla de maíz y en primavera hay una planta llena de choclos pasen estas cosas.
- Dónde estará su familia -repetirá, indignado, y enseguida preguntará por los goles del domingo.
Su familiaPero mañana, en un mes, el año que viene, serán como querubines ensayando, inocentes, la sonrisa del diablo.
Dónde estará su familia, se preguntará un hombre bien vestido que les rechazará la estampita, los mirará con desprecio y continuará cenando con los amigos y diciéndoles que no, que no se puede creer que en una tierra donde en otoño se te cae una semilla de maíz y en primavera hay una planta llena de choclos pasen estas cosas.
- Dónde estará su familia -repetirá, indignado, y enseguida preguntará por los goles del domingo.
En el principio, araron la propia tierra. Después fueron perseguidos y se resignaron a arar la tierra de otros. Avisaron que no se podía sembrar soja todo el tiempo; que había que dejar descansar a la mapu, pero nadie los escuchó. Y su esperanza murió en los surcos resecos.
Entonces aprendieron a ser mineros. Y la piedra cambió de dueño.
Al final, fueron ferroviarios. Pero sin cosecha y el cobre de los cerros consumido, el ramal cerró.
Pronto dejaron hueco el caserío. Igual que bestias en medio de un incendio, de la montaña bajaron a la sierra, de la sierra bajaron a los llanos, de los llanos al pueblo, del pueblo a las ciudades.
Entonces aprendieron a ser mineros. Y la piedra cambió de dueño.
Al final, fueron ferroviarios. Pero sin cosecha y el cobre de los cerros consumido, el ramal cerró.
Pronto dejaron hueco el caserío. Igual que bestias en medio de un incendio, de la montaña bajaron a la sierra, de la sierra bajaron a los llanos, de los llanos al pueblo, del pueblo a las ciudades.
Por cada uno bajaron mil, porque en medio de la huida, muchos escondieron el miedo en un abrazo y le hicieron hijos a la miseria en esas noches que para consolarlos les abrió las piernas flacas.
Sin mesa familiar, sin horno humeante, sin pan caliente en qué reconocerse, perdieron la razón de enseñar los oficios. O tal vez ocurrió que perdieron los oficios y, después, la razón. Como fuera, no les quedó nada.
Ahora, espoleados por el hambre y la injusticia, agolpan su terror amenazante frente a cada palacio de gobierno; cada hilera de escudos, cascos y bastones, para pedir por un techo, algunos surcos, un arado. Les contestan a golpes que el mundo cambió, pero nadie les dice por qué lo hizo sin ellos.
Y la vida se les pasa. Es una vigilia eterna de oscuros pensamientos. Porque allá lejos, en el Congreso, donde los diputados sólo piensan en las tierras que le van a dejar a sus hijos, ¿quién le prestará atención a su peñi, el que fue a hablar por los hijos que le van a dejar a esta tierra? ¿Quién estará en la fragua cuando retorne el cobre? ¿Quién quedará que sepa laborar la semilla cuando el campo despierte? ¿Quién sabrá unir dos letras para decir que no?
Ahora, espoleados por el hambre y la injusticia, agolpan su terror amenazante frente a cada palacio de gobierno; cada hilera de escudos, cascos y bastones, para pedir por un techo, algunos surcos, un arado. Les contestan a golpes que el mundo cambió, pero nadie les dice por qué lo hizo sin ellos.
Y la vida se les pasa. Es una vigilia eterna de oscuros pensamientos. Porque allá lejos, en el Congreso, donde los diputados sólo piensan en las tierras que le van a dejar a sus hijos, ¿quién le prestará atención a su peñi, el que fue a hablar por los hijos que le van a dejar a esta tierra? ¿Quién estará en la fragua cuando retorne el cobre? ¿Quién quedará que sepa laborar la semilla cuando el campo despierte? ¿Quién sabrá unir dos letras para decir que no?
Mientras tanto, ajenos a todo, los niños cantan. Saben dos o tres canciones. Son coplas en la lengua que hablan sus padres, sus abuelos, que también las cantaron en la infancia y entre los mismos cerros. Caminan y caminan desde sus chozas hasta llegar al río. Cargan baldes colgados por las puntas de una pesada rama que les atraviesa los hombros. Tienen ojos saltones y mirada de pájaro, barrigas hinchadas, piernas tan flacas como sus brazos, pero cantan.
Y vuelven ya, torciendo el espinazo como si fuera un juego. Hablan muy poco, sí. Apenas las palabras con que nombran lo que les falta: auco si se acabó el agua, caleu si hay que buscar otro río. Para qué más. Mientras en la capital los niños de su edad estudian inglés, computación o piano, ellos construyen su cultura por sonidos. El agua hierve cuando tiembla la tapa del cacharro, la cabra anuncia lluvia cuando corre con su cencerro de latón al cuello; hay que salir al monte por más leña cuando ya no se escucha chispeo en el brasero. Sólo el ruido en la panza los confunde casi todos los días. Si ruge ahí, a la altura del ombligo como si fuera un pan que se retuerce, es hora de ir a dormir aunque haya sol. Lo demás es muy simple: despertar y seguir como si nada, ordeñar los colores de la tarde, beber la noche, buscar su estrella.
Con algo de suerte, cuando crezcan un poco más se irán a vivir a la gran ciudad. Entonces, todo será diferente. Como jamás imaginaron.
Y vuelven ya, torciendo el espinazo como si fuera un juego. Hablan muy poco, sí. Apenas las palabras con que nombran lo que les falta: auco si se acabó el agua, caleu si hay que buscar otro río. Para qué más. Mientras en la capital los niños de su edad estudian inglés, computación o piano, ellos construyen su cultura por sonidos. El agua hierve cuando tiembla la tapa del cacharro, la cabra anuncia lluvia cuando corre con su cencerro de latón al cuello; hay que salir al monte por más leña cuando ya no se escucha chispeo en el brasero. Sólo el ruido en la panza los confunde casi todos los días. Si ruge ahí, a la altura del ombligo como si fuera un pan que se retuerce, es hora de ir a dormir aunque haya sol. Lo demás es muy simple: despertar y seguir como si nada, ordeñar los colores de la tarde, beber la noche, buscar su estrella.
Con algo de suerte, cuando crezcan un poco más se irán a vivir a la gran ciudad. Entonces, todo será diferente. Como jamás imaginaron.
Para empezar, pasarán el día buscando papel. Mucho. Si es blanco, mejor. Alrededor de las diez de la noche, la hora en que el andén se ennegrezca de espectros, ellos aparecerán con su cargamento. Se encontrarán con sombras que fueron hombres y mujeres, caballos tristes y bicicletas oxidadas que arrastrarán la miseria rescatable. Atados de cartón, papeles, plástico, todo lo que pueda salvarse en los depósitos y acaso valga un poco, suficiente para calmar aunque sea por unas horas ese ruido que hacen las tripas.
A veces, alguno verá un brillo en la basura y se beberá las dos últimas gotas de un placer ajeno; luego arrojará la lata, la pondrá bajo un pie y aplastará varias veces su destino desgraciado junto a tantos rencores que poco a poco le doblarán la espalda hasta domarlo o convertirlo en un ladronzuelo precoz.
El resto de la noche será más liviano. Entrarán en pandilla a los restaurantes y se dividirán el laberinto de manteles. En cada mesa, dirán que tienen hambre. Con su grito de flor, con su mirada nueva encallecida de arrodillarse demasiado pronto, esperarán firmes hasta que los echen o les den algo. - En una tierra donde en otoño se te cae una semilla de maíz y en primavera hay una planta llena de choclos -dirá ese hombre de traje.
A la madrugada, le abrirán la puerta de sus taxis a la gente que sale de los teatros, se untarán el invierno por los brazos, se repartirán el frío y las monedas. Pocas, como siempre. Se sacarán el espanto con alguna palabra prohibida que hayan aprendido o un gesto adulto que les irá plegando la piel sobre los labios suaves. Con suerte, después comerán un pedazo de pizza.
A la madrugada, le abrirán la puerta de sus taxis a la gente que sale de los teatros, se untarán el invierno por los brazos, se repartirán el frío y las monedas. Pocas, como siempre. Se sacarán el espanto con alguna palabra prohibida que hayan aprendido o un gesto adulto que les irá plegando la piel sobre los labios suaves. Con suerte, después comerán un pedazo de pizza.
Pero aún falta para eso.
Ahora juegan entre sus cerros. Sólo juegan.
Autor: Carlos Marianidis (Buenos Aires - Argentina) Imágenes: María García Esperón (México) Voz: María Eugenia Mendoza Arrubarrena (México) Música: Brasilian dance, Heitor Villa-lobos (Parte I) Luiggi Mozzani, Feste Lariane (Parte II)
Agradecimiento a Carlos:
Hace unos días, después de la publicación de la reseña de Nada detiene a las golondrinas Carlos tuvo la gentileza, tan característica de él, de enviarme un correo electrónico en el que anexó una emotiva carta de agradecimiento, acompañada de dos cuentos, uno de ellos es Elqui, obra ganadora de un segundo lugar en el "Primer Concurso Regional de Narrativa Des-CONTAR EL HAMBRE", organizado por la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
"El arte es una poderosa forma de sensibilizar y fomentar el debate social respecto a los problemas que enfrentamos", dice la convocatoria a la que respondieron más de 600 escritores.
Después de leer este cuento le pedí a Carlos su autorización para publicarlo. Agradezco su respuesta y el valiosísimo apoyo técnico y artístico de María García Esperón para la producción de este video.
María Eugenia Mendoza Arrubarrena
14 de enero de 2010
De León a México: Oto y el Hada en la Aldea de las Letras
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Voz y Mirada
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1/14/2010 03:37:00 p. m.

Oto y el hada Siada empezaron el año con una actividad portentosa.
Aterrizaron el la Aldea de las Letras, de María Eugenia Mendoza Arrubarrena y se sabe que pronto lo harán en San Juan del Río, en México y ya lo hicieron en Tarragona con Anabel Sáiz Ripoll, donde han dado mucho que hablar.
Por lo pronto, en la Aldea de las Letras Maru ha fabricado una reseña tan grandiosa como Oto, tan cariñosa como este monstruo acompañado por un hada.
3 de enero de 2010
Voz y Mirada tomó café en la librería Octavio Paz del FCE
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Voz y Mirada
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1/03/2010 07:12:00 p. m.
Intercambio de Berenice la Sirena y Peligro en la Aldea de las Letras, versión Libros del Rincón
Por María Eugenia Mendoza Arrubarrena
Aldea de las Letras
3 enero 2010
Ayer por la tarde María García Esperón y yo nos encontramos en la cafetería de la librería Octavio Paz, del Fondo de Cultura Económica, en Miguel Ángel de Quevedo 115, delicioso espacio y afortunado marco de encuentros y reencuentros en el sur de la Ciudad de México.
María ya estaba ahí (oh, oh, fui un poco impuntual), Juan Carlos, su esposo ya había apartado una mesa, mientras ella hacía el obligado y placentero recorrido por la librería. Después de los abrazos, deseos de felicidad y éxito y una que otra fotografía Juan Carlos nos dejó solas para platicar a nuestras anchas.
Táchenme de cursi o pregúntense qué había en la atmósfera de esa tarde lluviosa, pero el perfume y el sabor del café hicieron su magia y en esos momentos el Colectivo Voz y Mirada comenzó a hacerse presente, era como si todos estuviesen ahí, sin importar distancias y husos horarios. El primero en aparecer fue Pedro Villar, listo con su Cuaderno de apuntes y su poesía, pronto se nos unió Carlos Marianidis, cuyo libro Nada detiene a las golondrinas descansaba sobre la mesa, pues María me lo había prestado meses atrás y ya era hora de que lo regresara.
En la plática surgían comentarios, en completo desorden, debido a que las ideas y el cariño que sentimos por todos nos hacen hablar así, arrebatándonos la palabra, esperando que nadie se escape de decir algo, aunque no falta quien prefiera quedarse callado y sólo escuche. Toman la palabra Marcelo Suárez de Luna y su Poesía imperfecta; Los espejos de Anaclara y Mercedes Calvo, Anabel Sáiz Ripoll, con sus libros, reseñas literarias y ensayos sobre LIJ; Asunción Carracedo, con su hermosa voz nos lleva a pensar en la trascendencia de encumbrar a su natal León como Ciudad de la Literatura; María Wernicke surge con Rutinero; Ana Laura Delgado entra en escena haciendo realidad sus sueños y los de sus autores y lectores; la Navidad sin dueño de Susana Peiró y el revuelo que causó entre los visitantes de los diferentes blogs hizo su presencia, lo mismo que la alegría de Rosa Serdio. Marco Aurelio Chavezmaya, quien por fortuna no emuló a Juan Escutia en el Castillo de Chapultepec y Jaime Alfonso Sandoval pasan por ahí, damos un sorbo al café y casi no son necesarias las palabras en ese momento para reconocerlos como grandes escritores mexicanos.
Al regresar Juan Carlos, a la hora pactada, la charla debe terminar pero no sin antes pensar en los niños que son el motor de tantas historias de vida y literarias. Rondan por ahí Pedro Villar (hijo); Macarena, hija de Marcelo, los hijos de Asunción, la bebé de Anabel, Ian, el adolescente hijo de María y Carlos, los chicos del Sexto B, mis hijos, que hace rato dejaron de ser niños (oficialmente) pero con quien es tan grato crecer y tantos otros que están presentes como protagonistas, lectores y nuevos escritores.
3 enero 2010
Ayer por la tarde María García Esperón y yo nos encontramos en la cafetería de la librería Octavio Paz, del Fondo de Cultura Económica, en Miguel Ángel de Quevedo 115, delicioso espacio y afortunado marco de encuentros y reencuentros en el sur de la Ciudad de México.
María ya estaba ahí (oh, oh, fui un poco impuntual), Juan Carlos, su esposo ya había apartado una mesa, mientras ella hacía el obligado y placentero recorrido por la librería. Después de los abrazos, deseos de felicidad y éxito y una que otra fotografía Juan Carlos nos dejó solas para platicar a nuestras anchas.
Táchenme de cursi o pregúntense qué había en la atmósfera de esa tarde lluviosa, pero el perfume y el sabor del café hicieron su magia y en esos momentos el Colectivo Voz y Mirada comenzó a hacerse presente, era como si todos estuviesen ahí, sin importar distancias y husos horarios. El primero en aparecer fue Pedro Villar, listo con su Cuaderno de apuntes y su poesía, pronto se nos unió Carlos Marianidis, cuyo libro Nada detiene a las golondrinas descansaba sobre la mesa, pues María me lo había prestado meses atrás y ya era hora de que lo regresara.
En la plática surgían comentarios, en completo desorden, debido a que las ideas y el cariño que sentimos por todos nos hacen hablar así, arrebatándonos la palabra, esperando que nadie se escape de decir algo, aunque no falta quien prefiera quedarse callado y sólo escuche. Toman la palabra Marcelo Suárez de Luna y su Poesía imperfecta; Los espejos de Anaclara y Mercedes Calvo, Anabel Sáiz Ripoll, con sus libros, reseñas literarias y ensayos sobre LIJ; Asunción Carracedo, con su hermosa voz nos lleva a pensar en la trascendencia de encumbrar a su natal León como Ciudad de la Literatura; María Wernicke surge con Rutinero; Ana Laura Delgado entra en escena haciendo realidad sus sueños y los de sus autores y lectores; la Navidad sin dueño de Susana Peiró y el revuelo que causó entre los visitantes de los diferentes blogs hizo su presencia, lo mismo que la alegría de Rosa Serdio. Marco Aurelio Chavezmaya, quien por fortuna no emuló a Juan Escutia en el Castillo de Chapultepec y Jaime Alfonso Sandoval pasan por ahí, damos un sorbo al café y casi no son necesarias las palabras en ese momento para reconocerlos como grandes escritores mexicanos.
Al regresar Juan Carlos, a la hora pactada, la charla debe terminar pero no sin antes pensar en los niños que son el motor de tantas historias de vida y literarias. Rondan por ahí Pedro Villar (hijo); Macarena, hija de Marcelo, los hijos de Asunción, la bebé de Anabel, Ian, el adolescente hijo de María y Carlos, los chicos del Sexto B, mis hijos, que hace rato dejaron de ser niños (oficialmente) pero con quien es tan grato crecer y tantos otros que están presentes como protagonistas, lectores y nuevos escritores.
23 de diciembre de 2009
Felicitación de María Eugenia Mendoza Arrubarrena, desde la Aldea de las Letras y México
Submitted by
Voz y Mirada
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12/23/2009 05:21:00 p. m.

Desde su bella y habitable Aldea de las Letras, María Eugenia Mendoza Arrubarrena nos ha enviado una felicitación navideña entrañable y muy mexicana. ¡¡Gracias, Maru!!
Deseo que el aroma a ponche,
el sabor de las colaciones
y la algarabía por las fiestas
sature cada rincón de México.
Deseo que las expresiones de alegría
ante la cascada de frutas y dulces que caen de la piñata
salgan de las gargantas de niños y adultos
en esta época de posadas.
Deseo que los niños de aquí y
de todos lados
reciban un abrazo de papel,
de trapo, de verdad.
Deseo que todos juntos
hagamos un poco más de lo que nos toca
para construir un mundo mejor porque los
niños de ayer, de hoy y de mañana lo merecemos.
Con esta imagen de uno de los cuadros de mi hermana Leticia reciban mi amistad,
mi admiración y un fuerte abrazo,
con motivo de estas fiestas y por el arribo del nuevo año y la nueva década.
Ma. Eugenia
7 de diciembre de 2009
María Eugenia Mendoza Arrubarrena en Voz y Mirada
Submitted by
Voz y Mirada
en
12/07/2009 01:14:00 p. m.

María Eugenia Mendoza Arrubarrena
Comunicadora mexicana, enamorada de la radio, la literatura infantil y juvenil, de los medios que pueden convertirse en puentes de comunicación, así como de la familia, la amistad y la memoria.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Ha sido conductora de programas de radio para niños, jóvenes, divulgación de la ciencia y sobre cultura alimentaria.
Autora de El Lindero (Gran Angular, SM, 2003), Peligro en la Aldea de las Letras (Edición de autora, 2008, seleccionado para Bibliotecas de Aula 2009-2010, dentro del Programa Nacional de Lectura), del cuento breve “Se ponchan llantas gratis”, en Recuentos Urbanos (Palabras y Plumas Editores, 2009) y coautora (con Gabriela Conde Flores) de los libros de texto para secundaria Formación Cívica y Ética 1 y 2 (Macmillan, 2008).
Lectora voluntaria en el programa “Nosotros entre Libros”, de IBBY, en la escuela primaria Jesús González Ortega, con los chicos de Sexto B.
María Eugenia Mendoza Arrubarrena es una mujer comprometida profundamente con la Palabra. También alguien que sabe que los sueños transforman el mundo para bien, como lo transforma ella, minuto a minuto y día a día, desde su bien hallada, bien nacida y bien aventurada Aldea de las Letras.
¡¡¡Bienvenida, Maru!!!!
¡¡¡Gracias por hacer que nuestros mejores sueños sean posibles!!!
(VyM)
(VyM)
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