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David García: El enorme corazón de México


David García
El enorme corazón de México


El pianista y compositor mexicano David García, por su talento y carisma personal ha construido en torno suyo círculos de personas que al valorar su trabajo contribuyen a regenerar el tejido social mexicano.
¿Cómo un compositor que se ha definido "para niños" puede ir al rescate de esa hermosa fiera acorralada que es el corazón de México? ¿Cómo sin descuidar su trabajo de ingeniero ni a su hermosa familia, su esposa Paola y sus dos niños pequeños parece multiplicarse en centros culturales y  espacios artísticos de gran parte del país? ¿En qué momento compone esas piezas musicales que arroban, que suspenden la preocupación y acarician los sentidos y las esperanzas, despiertan los sueños?

Esas preguntas me hacía yo hoy, domingo 25 de septiembre de 2011, en el Alcázar de Chapultepec, en un mediodía bañado de oro e inundado de música. La música de David García, vuelta canción en los labios del Coro de Niños Cantores del Estado de México que dirige el Maestro Alberto Alvarado Reyes.

En un sueño del ayer...

La cita era a la una de la tarde en el magnífico Alcázar colmado. Muchas personas estaban de pie y recibieron con un aplauso cariñoso al artista. Concierto de piano con David García y el Coro de Niños Cantores del Estado de México, decía el programa que todos tenían en la mano. Los dos primeros números, Vals Castillo de Chapultepec y Tema de amor de Copo de Algodón fueron ejecutados al piano por David en un viaje al centro de la nostalgia. Sus melodías hunden las raíces en la tradición y sus armonizaciones van directo al alma. Nos recoge las nostalgias, David. Escribo mientras lo escucho y me remito como todos a un México intemporal, en dulces sepia, transido de recuerdos de abuelas, de paseos dominicales, de infancia eterna... Aquí, un fragmento del hermoso vals, que nos meció en esa tarde de domingo en los brazos del sueño y nos reintegró, niños y felices, a nuestros padres y abuelos.


Hicieron su entrada las que han sido denominadas "voces blancas" del Coro mexiquense. Su trayectoria y la de su director son impresionantes. Desde su fundación hace 35 años, han hecho giras por toda la República y por países del mundo, siendo la más reciente -mayo 2011- a Asturias, donde abrieron el Festival Coral Asturias Joven, en la ciudad de Avilés. El Maestro Alberto Alvarado Reyes se especializó en Estados Unidos y en Italia y su destacada labor musical y pedagógica lo ha hecho merecedor de la estimada "Presea Estado de México".
Las voces de las niñas entonando las letras que el mismo David ha compuesto para su música nos deletrearon todas las entonaciones de la suavidad, de la ternura, del sentimiento. Nos llevaron de la mano al país de lo sublime. Desde el sentimiento de sus canciones de amor...

Y en un momento
se cambia el mundo
vuelvo a sentirte
aquí en mi pecho...

hasta su amor por la naturaleza, el paisaje, el país,  David engarza sobre su propia música la flor y el canto de las palabras.

Tengo el alma prisionera
en un sueño del ayer
bajo un sol de primavera
por el campo me encontré...

El Maestro Alberto Alvarado Reyes, director
del Coro de los Niños Cantores del Estado de México
La dificultad vocal que entraña una pieza como De vuelta a la Alameda, se transforma en los labios de las niñas en gozo y en juego, en recuerdo que David entrega a los oyentes, vuelto sabor, olor, memoria aprisionada y trémula en las paredes de las pompas de jabón.

Rosas, cantos, lágrimas, de mi juventud
formando burbujas de amor.
Qué delicioso es sentir el sabor
de los dulces de algodón.

Copo de Algodón

David García ofrendó, como se otorgan los dones del alma, esta tarde a sus oyentes una composición excepcional, que entonada por las niñas se hizo vida, vida viva de endiosado corazón. Se trata del Tema de Copo de Algodón, inspirado en este personaje histórico que he recreado en mi novela del mismo nombre y que nos ha unido en el mismo corazón de artistas. La letra, original de David, incluye una traducción al náhuatl efectuada por las profesoras María Rebeca Mendoza González y Gloria Guadalupe Gómez, del taller de Lengua Náhuatl de la Casa de Cultura de Azcapotzalco:

La Maestra María Rebeca Mendoza González,
tradujo la letra del tema de Copo al náhuatl


Bajo el sol de primavera
con la música del viento
entre flores y cantares
y el aroma del incienso.



Qué bonitos son tus ojos
y tu corazón de jade
tú mi blanca palomita
mi collar de piedras finas.



Hay señales en el cielo
y murmullos en la noche
un lamento espeluznante
llora por el fin del Quinto Sol
que cerca está.
El fin del Sol se acerca ya.




Tú serás la última flama
México será tu esencia
cuando el Sol por fin se apague
tu bondad y amor se escribirán
y como estrella brillarás... ¡Y vivirás!



Blanca flor de la mañana
es tu esencia mexicana
y tu nombre toca el alma
orgullosa frente al Sol que es para ti.





Versos de Torres Bodet en el reconocimiento entregado
Itzintlatonati xoxopantla
Ica yeyectzin cuica ehecatl
Nepantla Xochimeh on cuicameh
Ihuan i ahuiac copalli




Ma yeyectzin moisteloloh
Ihuan moyol chalchihuitl
Tehuatzin noiztlactotoltzin
Nopiltze nochalchiuhcozca.


Blanca flor de la mañana
¡orgullosa frente al Sol que es para ti!



Los aplausos inundaron el Alcázar, el público de pie agradecía a David y a las niñas  la entrega de tanta belleza, tanta magia, tanta humanidad, tanta esperanza.

El recinto vibraba y las sonrisas y las lágrimas se mezclaban para celebrar el arte entrañable de David, la maravilla de estar vivos y poder escuchar y sentir, de ver pasar el tiempo de esa manera, de que se nos fuera el mediodía como en los versos de Jaime Torres Bodet, que fueron elegidos por Alberto Alvarado para ser escritos en el reconocimiento que entregó a David:

Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.

Perseguimos nubes y flores y cantos ese domingo en el Alcázar de Chapultepec, todos salimos de ahí a inundar el cielo con la sonrisa que nos sembró en el alma David García, quien con su arte y su humanidad nos hizo sentir, esperanzado e infinito, el enorme corazón de México.

María García Esperón

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