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10 de octubre de 2011

Yo atravieso la noche, de María García Esperón







Yo atravieso la noche
 en un rayo de luna
 por mirarte dormido
 en la orilla del nunca.

 Y te escucho callado
 en rumor que se oculta
 en la fuente del tiempo
 en la voz de la bruma.

 Y te siento tan cerca
 en la luz que murmura
 tan lejana y brillante
 tan antigua y oscura...

 que por siempre estuviera
 en la orilla del nunca
 porque puedo mirarte
 en un rayo de luna.





5 de octubre de 2011

Si mis manos pudieran... de Enrique Pérez Díaz

Atardecer en Varadero. Foto: www.vicuba.com

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1 de octubre de 2011

Soy, de Enrique Pérez Díaz

Alamar, Habana del Este. Foto: www.cubadebate.cu

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28 de septiembre de 2011

El ave de las olas, de Enrique Pérez Díaz



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26 de septiembre de 2011

El ave de lluvia, de Enrique Pérez Díaz


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19 de septiembre de 2011

Sombrerito de viento, de Mónica Gudiño: un CD al sur del sur


Sombrerito de viento, un CD al sur del sur, es un audiolibro con poesía para niños de la autora argentina Mónica Gudiño, quien se ha caracterizado además por poner voz a su poesía a través de videopoemas realizados por ella misma y por establecer colaboraciones con creadores a lo largo y ancho del territorio hispanohablante a través de la red. En esta ocasión acompañan a Mónica las voces de María José Viedma (España) y María García Esperón (México) en un encuentro de entonaciones en un espacio único: la textura lúdica y fresca de esta joven de Córdoba que viene alumbrando el mundo de la poesía para niños en castellano con la luna azucarada de su lenguaje poético. (MGE)

Sombrerito de Viento





Sombrerito de viento

1.- Sombrerito de viento
Voz: Mónica Gudiño


2.- Niña de agua
Voz: Mónica Gudiño


3.- Paisaje de amor
Voz: Mónica Gudiño


4.- El eclipse
Voz: María José Viedma 


5.- Don Sueño
Voz: María José Viedma


6.- Deseo Azul
Voz: Mónica Gudiño


7.- Que el mundo no adivine
Voz: Mónica Gudiño



8.- Milonguita sabor alpiste
Voz: Mónica Gudiño



9.- Sombritas
Voz: Mónica Gudiño


10.- Cosas de peras
Voz: Mónica Gudiño


11.- Al sur del sur
Voz: María García Esperón







Sombrerito de viento, un CD al sur del sur, es un producto cultural sin fines comerciales y el objetivo es que ya sea en el aula o en la casa, los niños y maestros interesados puedan grabar su propio disco descargando los 10 archivos de audio y el cuadernillo adjunto con los textos.
Para descargar el cuadernillo es necesario darse de alta en Scribd. Para descargar los audios, dar clik en "share" y de ahí a "link mp3". O solicitar los materiales por correo electrónico a mgarciaesperon@gmail.com.



12 de septiembre de 2011

El castillo de mis sueños, de Enrique Pérez Díaz



Para escuchar...



El castillo de mis sueños

Piedra a piedra, mi castillo,
entre sueños levanté,
siempre del alba al ocaso,
cada rincón dibujé…

Le pinté almenas bien altas,
torres que miraban al mar,
mil pasillos, corredores,
y el Salón de la Verdad…

Altas horas de la noche,
me sorprendieron allí,
dibujando cada sueño,
reinventando mi vivir…

Creí que el castillo era fuerte,
desafiaba el porvenir,
le creí indestructible,
infinito y eterno le creí…

Con esencia de quimeras,
coloreé cada jardín
y hasta el agua de las fuentes
era de un color añil…

Gobelinos de otras eras,
adornaron cada pared,
y en la escalera de piedra
esculpí un dragón en su red…

Mi lecho parecía de olas
y miraba a un alto balcón,
por techo, un cielo estrellado
para soñar el adiós…

Imaginé una fiesta infinita
con los amigos de ayer,
imaginé mil y un amores,
con ellos, el tiempo correr…

Y así pasaban los años
en mi obra sin igual,
y así, yo olvidaba el mundo,
por mi castillo acabar…

Cierta vez, un espejo antiguo
me hizo saber la verdad,
como buen sueño que empieza,
mi vida tendría un final…

Al ver mi rostro marchito,
mi sonrisa sin edad,
justo entendí que el mundo
nunca detuvo su andar…

Allí estaba mi gran obra,
majestuosa, sin igual,
pero mi tiempo, ya ido,
sin yo poderlo evitar…

Y quizás entonces fui feliz…,
un instante de dicha pues,
más un castillo solitario,
es como la ilusión perder…

Abrí mis puertas al mundo,
tendí el alto puente a mis pies,
mis ojos buscaron caminos
que mis pasos iban a recorrer…

Y sin fardos, sin cordeles,
sin prisas, sin nada querer,
me abandoné a la magia cierta
de comenzar otra vez…

11 de septiembre de 2011

En un gobelino, de Enrique Pérez Díaz



Para escuchar...

5 de julio de 2011

La Edad de Oro está ahí: Enrique Pérez Díaz

Nació en La Habana en 1958. Cree en las hadas y tiene un hijo veinteañero al que le puso el nombre de un río del país de los elfos. Es y ha sido periodista, poeta, narrador, cuentacuentos, viajero, editor, escritor, crítico, poeta de nuevo.

Es una de las voces más autorizadas en torno al fenómeno de la literatura infantil y juvenil contemporánea en todos los idiomas y en todas las culturas.

Como escritor, sus fantasmas exorcizados han sido el divorcio, sufrido en infancia propia y la emigración ilegal.

En los siguientes archivos de audio,  facilitados por el escritor y periodista cubano Jorge Luis Peña Reyes, la voz de Enrique, que es actualmente el director editorial de Gente Nueva, la emblemática casa de la literatura infantil y juvenil cubana, asombra con su conocimiento de la LIJ de los últimos años, la propuesta cubana en ese sentido, los temas que lo han obsesionado y entusiasmado y en general dicta una lección de literatura y de vida que puede resumirse en una de las frases que enriquecen esta conferencia: La Edad de Oro está ahí. (María García Esperón)

Primera parte


Segunda parte


26 de marzo de 2011

Acaricia mi voz con tu mirada, de Ramón García Mateos



VI.- Acaricia mi voz con tu mirada

Razón de amor. Canto a dos voces

Acaricia mi voz con tu mirada,
besa mis labios con pasión de fuego,
envuélveme en el aire de tus ojos,
hazme esclava del tacto de tus dedos.

Siénteme compañero a cada instante,
apaga pronto el ansia que me ahoga,
toda la eternidad siempre a tu lado,
quiero tenerte en mí: flor y corona.

Se refleja en tu amor la transparencia
desnuda entre tus manos me abandono
breve destello azul de enredadera.

Tiembla mi cuerpo prendido en el deseo
agua y verbena y llama sin contorno
quiero arder para ti: soy luz de espliego.

(C) Ramón García Mateos
De: Poema del cuerpo y del abismo
Voz: María García Esperón

4 de febrero de 2011

Elegía Primera, de Miguel Hernández

La gran VOZ de José Sacristán, actor español, asiduo de recitales poéticos en España, siempre dispuesto a sumergirnos en otras voces.





Poema Elegía Primera
de Miguel Hernandez


Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.



Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.



7 de octubre de 2010

Hasta la mar el bosque, de Francisco Álvarez Velasco







Donde el brezo termina, cercado por helechos,
como una extensa y verde
bandada de palomas, nace el bosque.

Palomas que en una edad lejana se posaron,
antes que el hombre fuera
para nombrar al bosque, para encender su fuego,
para darles los nombres
a seres que aquí habitan,
para llamar palomas
verdes a estas que baten sus alas con el viento.

Bajarán por los valles algún día
-cuando el hombre termine-
e irán sobre los ríos para un viaje sin puertos
hasta la mar inmensa.

(C) Francisco Álvarez Velasco
Libro del bosque
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
MMX


4 de octubre de 2010

Blues gallego de la viuda del pescador, de Francisco Álvarez Velasco





Roubaron-nos o vento
Manuel Antonio

La mujer con ternura salió a colgar las sábanas al viento.
La viuda del pescador salió a la noche con ternura y colgó las
         sábanas al viento.
La mujer puso con ternura las sábanas en el alambre para que el
         viento secara pronto las sábanas.

La viuda del pescador esperó a que el viento llegara a secar las
          sábanas para poder doblarlas con ternura.

La mujer ignoraba que nos habían robado el viento.
La viuda del pescador no sabía que el ruiseñor que moraba en
          el árbol de la esquina no podía cantar porque nos habían
          robado el viento.

La viuda del pescador se ha puesto a cantar:
Vente, ventiño do mar.
Vente, ventiño mareiro.

La mujer le está rezando con ternura al viento:
Vente ventiño do mar.
Vente, noso compañeiro.

La viuda del pescador con ternura se ha puesto a mover el viento
         de la noche.

(C) Francisco Álvarez Velasco
Noche
IX Premio Internacional de Poesía "Antonio Machado en Baeza"
Poesía Hiperión
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMX

19 de septiembre de 2010

... la luna canta tangos: una voz del Sur para Vengo del Norte






Aurelio González Ovies
En 1992, Aurelio González Ovies obtuvo el Accésit del Premio Adonais por su libro Vengo del Norte. Fue publicado en 1993 por Ediciones Rialp en Madrid y hasta donde sabemos, se encuentra agotado. Francisco Álvarez Velasco lo publicó completo en Internet en su Portal de Poesía. En 2009, el blog Rapsodas Amigos promovió que fuera grabado en su totalidad por diversas voces de la geografía mundial. Ha sido también interpretado en montajes treatrales en España. En la última antología de su poesía, Esta luz tan breve, el poeta incluyó varios de los poemas de esta obra. Recientemente Alfonso Pascón lo subió a la red en el formato de Ebook, y desde 2009 a la fecha, varios de los poemas han sido convertidos en videos por entusiastas de la poesía de Aurelio entre los que obviamente me cuento y se  transmiten a  través de youtube y varios blogs, constituyendo un muy efectivo medio de difusión en el que no son relevantes las fronteras entre países*. 

Vengo del Norte es una obra excepcional; ha rebasado todos sus soportes y la aparente limitante de no haber sido reeditado -hasta ahora-  para imponer la fuerza de su oralidad, la universalidad absoluta de su palabra, porque es el poema de todos los exiliados

Vengo del Norte envenena y arrastra. Vengo del Norte mata y hace nacer. Hace doler las palabras en la boca y las graba a fuego en la memoria, como esos libros que son El Libro y en los que las religiones hunden sus raíces. Los que llevamos en las diásporas en tabernáculo o envueltos en pieles para volvernos a fundar la patria allá donde nos lleven el viento y las olas. Vengo del Norte es tan hermoso porque resalta la belleza insoportable de todas esas regiones del ser consensualmente señaladas por nuestra civilización cómoda como desgraciadas: la separación, la pobreza, la sed, el destierro, la soledad, la muerte... De Vengo del Norte se levanta, redimensionado y renacido, el ser humano.
Susana Peiró

En estos dos videos, la misma voz y la misma luna cantan tangos: en los paisajes asturianos y en dos series de fotografías que evocan al viejo Buenos Aires y proyectan el drama existencial del Poema IX en el drama existencial del tango, esa creación argentina amasada de noche, de nostalgia, de exilio, de amor.
La voz de Susana Peiró, dramática, sofisticada y sensual acomete la esencial serenidad de estas palabras claras, recién nacidas del manantial del lenguaje en virtud del poder -indescifrable- del poeta. Voz y palabra chocan, se recogen, se acarician, se deslumbran, se rebelan revelando sus colores verdaderos. Es el Sur que dice al Norte: En las viejas miradas la luna canta tangos. 

María García Esperón




Vengo del Norte IX
Aurelio González Ovies

En las viejas miradas la luna canta tangos.
Soy el antepasado de los que me suceden,
soy un gitano oriundo de la flor de la pena,
soy el giro ancestral de la rueda del carro.
Soy un camino errante. Vengo del Norte.

He traído a mis muertos para que vuestros campos
germinen la promesa,
y ha venido la sangre a llover esta tarde
para que aquí reviente nuestra estirpe
con la fecundidad de los volcanes.

Soy el grisú que flota en las bocas ajenas,
soy el túnel que desemboca en la desesperanza,
soy el marzo que apunta en la rama del verso,
soy el corresponsal de las hogueras.

Vengo del Norte,
de la escritura cuneiforme del acebo,
de los funerales de la agricultura,
de la enorme tristeza con que se aleja el oso,
de la genealogía del pan de leña.

Ella viene conmigo porque es fértil
y amamanta a las mulas;
ella es la pregunta carnosa que rellena los frutos.
Algún día entenderéis por qué la quiero
y por qué come el polvo que levanta el futuro.

Tendremos una casa
y vendrán a cocer pan vuestras mujeres;
tendremos un establo y volverán los gritos de las fraguas.
Yo soy de un domicilio rural como la niebla,
soy el rompeolas de la edad tempestuosa,
soy el deseo marítimo de los de tierra adentro,
soy el invertebrado. Vengo del Norte.

No conocéis el viento ni sus silbidos rubios
cuando el bambú se seca. Yo os traigo miradas viejas,
ojos parados en el solsticio.
Os traigo la luna en una jaula de lágrimas.
En las miradas viejas la luna enciende tangos.

Vengo del Norte,
del cazador furtivo de los páramos,
del relincho huérfano del asturcón,
de los caserones dorados del poniente.
Ella tuvo un reino detrás de la distancia
y descifra los signos de los que nunca llegan;
ella habla dos mil lenguas como los ojos
y redacta los fósiles de la memoria.

Quedaremos aquí,
donde el humo regresa al fuego,
donde la eternidad no bautiza a sus huéspedes,
donde los dioses son salvajes,
donde la verdad cierra al crepúsculo.
Quedaremos aquí y ella estará orgullosa
como el ave que oculta a los polluelos debajo de su vuelo.
Quedaremos aquí definitivamente cerca del origen del agua.



(C) Aurelio González Ovies 
Vengo del Norte, accésit Premio Adonais de Poesía 1992
Voz: Susana Peiró (Argentina)
Imágenes: 
AGO
Tango. Pasión en blanco y negro. 
terra.com.mx
Buenos Aires antiguo
www.buenosairesantiguo.ar
Música: Operita María de Buenos Aires. Astor Piazzolla.
Idea original y realización: Catamaram (España) y María García Esperón (México)
MMX

* Mi primer acercamiento desde México  a la poesía de Aurelio González Ovies fue gracias a Rosa Serdio, que me envió el enlace a un video que hizo Catamaram.

18 de septiembre de 2010

Pasa que escribo, de Fausto Vonbonek







Pasa que escribo,
me abandonan poemas y sufro
y encuentro alegría al iniciar otra vez la
primera palabra y así sobrevivo a
las horas despiertas.
Nos sobreviven los versos,
nos sobrevive el fantasma de un
niño asustado ante el don del fantasma,
y esta infrahumana costumbre de
hacer del perfume palabras
y de las palabras flores.

© Fausto Vonbonek
Tomado de Viento inventando palabras
(Miravoz de la poesía de Fausto Vonbonek, por Alejandra Moglia)
Voz: María García Esperón
Música: Indaco. L. Einaudi
MMX

16 de septiembre de 2010

Oye latir la noche, de Francisco Álvarez Velasco





Oye latir la noche
en la voz subterránea
de las tardes,
y chascar la hojarasca
del otoño
en el suave mecerse de las frondas de mayo.
Podredumbre en desorden ya acelera la muerte
bajo la piel hermosa de los cuerpos.
Apresúrate, pues, corazón jubiloso.
Goza tarde, hojas verdes, luz viva en el cabello,
claveles, labios que tus ojos siguen,
piel de la frente y cuello y alegre primavera.

8 de septiembre de 2010

Y si al juicio final faltara Dios, de Francisco Álvarez Velasco




Y si al juicio final faltara Dios
y la cátedra altísima
donde se ha de sentar
para juzgarnos,
o si en el fin del tiempo
alguien pusiera
la máscara divina
-su rostro triangular de polifemo-
o levantase
(algún blasfemo, digo)
su diestra majestuosa en escayola,
¿de qué nos servirían
la tristeza en la carne, el reino del espíritu,
la ceniza del miércoles?
Pregunto.

(C) Francisco Álvarez Velasco
Las aguas silenciosas
Voz: María García Esperón
Música: In Principio. L. Einaudi
MMX



7 de septiembre de 2010

Las piedrecillas blancas, de Francisco Álvarez Velasco




Llegas ahora, río, en las lentas carretas
de la noche de julio, por roderas lunares,
por las blancas estelas de los álamos claros,
por la desierta esquina de la tapia de adobes,
por el tren de las cinco que silba a los insomnes.

Llegas por las calzadas sobre piedras antiguas,
por los largos pasillos y los claustros en sombra,
por páramos hollados con las plantas del lobo,
por caminos del aire que el gavilán trazó,
por veredas del bosque, por las sendas del ciervo.

Esperándote estamos en el lecho desnudos
para irnos contigo sobre las piedras blancas,
sobre las piedras blancas
                                      hasta dar con la mar.

(C) Francisco Álvarez Velasco
Noche.
IX Premio Internacional de Poesía "Antonio Machado en Baeza"
Voz: María García Esperón
Música: Gelosía. L. Einaudi
MMX

29 de agosto de 2010

Comentario a "Soneto" de Ángel González, por Anabel Sáiz Ripoll


Escuchar "Soneto"
Voz: María García Esperón
Música: Canon de Pachelbel. Yiruma


“SONETO”DE ÁNGEL GONZÁLEZ
(COMENTARIO)

Anabel Sáiz Ripoll
Doctora en Filología


“Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, tengo la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
Vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
No me doy por vencido, y sigo, y juego

lo que me queda; un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, mi fe segura:
jamás o llanto, pero mi fe fuerte”.


    Ángel González, junto a Gil de Biedma o a J. A. Goytisolo, pertenece a la llamada generación de medio siglo o de los 60. Incluye el soneto que hoy comentamos en su segundo libro titulado “Sin esperanza, con conocimiento”, publicado en 1961. Esta obra ejemplifica la poesía que se seguirá en la década de los 60, caracterizada por el rechazo a los elementos de poesía social y por un retorno a la intimidad personal del poeta.
    El Soneto ilustra muy bien el título del libro. Ángel González adopta un tono confesional muy apasionado; pero sin el dramatismo de la poesía social ni el escepticismo e ironía de otros poetas de los años 60, más bien con una energía inquebrantable frente a los embates de la vida. El poeta nos ofrece una declaración de principios puesto que muestra su voluntad de seguir asumiendo todos los problemas que se le presenten con buen ánimo, sin rendiciones ni treguas.
    El poema, métricamente, sigue la estructura de un soneto tradicional con versos endecasílabos, aunque presenta una cohesión temática tan entrelazada que es muy difícil segmentarla e, incluso, resultaría forzado el hacerlo. No hay autonomía entre los cuartetos y los tercetos puesto que todos se enlazan, de una forma o de otra, ya sea mediante repeticiones (v. 4 y 5: “juego”), frases paralelísticas (v. 11 y 12) o encabalgamientos (v. 8 y 9).
    En una primera lectura se aprecia ya la apasionada afirmación vital del poeta. A simple vista en “fuego de mi pasión” calificada por el casi oxímoron “volcada y sin salida” apreciamos un elemento propio del sentimiento amoroso que se expresa directamente en el v. 3, “amor”, identificado, además, por la metáfora tradicional, “herida”. No obstante, sin profundizamos en el poema, encontramos más bien la imagen del poeta implicado en un juego (v. 4) de azar con su propio destino, lo cual le imprime una gran carga existencial que supera el elemento amoroso con que parecíamos toparnos al principio.
    En el primer cuarteto se evidencia un elaborado proceso constructivo a base de anáforas (“Donde”), disposiciones simétricas (expresiones bimembres como “pongo la vida, pongo el fuego”; “tengo el amor, tengo la herida”) y paralelismos (V. 3 y 4).
    La anadiplosis “pongo en juego” une el primer cuarteto con el segundo, a la vez que éste se enlaza mediante un encabalgamiento con el primer terceto. Se sigue la imagen del poeta como un jugador existencial que oscila entre el “perder”, el “resto de esperanza” que aún le queda y su voluntad de no rendirse (“no me doy por vencido”) y de seguir jugando hasta el fin. En la bimembración del v. 7 “la de ayer, la de hoy” se advierte esa circunstancia temporal del poeta que es presente y también pasada y puede que futura. Por otro lado, mediante el empleo de distintos verbos en construcción polisindética (“pongo... y pido...y ... vuelvo”) se enfatiza más esta decisión de seguir jugando que resalta el ánimo vitalista y activo del poeta ante la paradoja de los v. 5 y 6: “perder la vida en el juego /seguir jugando sin vida”).
    La expresión “Al siempre va” del v. 10 nos habla de la opción que tiene el poeta de escoger entre el nunca y el siempre, entre el retirarse y el seguir que es la “postura” que acaba asumiendo, palabra que aquí tiene un sentido doble: la cantidad que se apuesta y la postura vital que se adopta.
    Los v. 11 y 12 muestran una construcción paralelística en la que se expresan las consecuencias a que dará lugar el tipo de opción “nunca” (la muerte, aunque en sentido figurado) o el de la opción “siempre”, identificada otra vez con el amor, con la primavera en su acepción de plenitud vital.
  También son paralelísticos los dos versos finales, muy cercanos al quiasmo, que rematan la construcción del soneto como un todo indivisible. De ellos se desprende la afirmación de fe en la vida por parte de Ángel González al quedar modificada la disyunción antitética “nunca o amor”, abierta a la esperanza, en la coordinación “jamás o llanto”, que excluye la posibilidad de ser feliz.
    El soneto, sobre todo los cuartetos, abunda en aliteraciones. El recurso fónico se aumenta gracias a las repeticiones y elementos casi paranomásicos (pongo, fuego, tengo, juego, luego, sigo) e, incluso, la consonancia interna (vida/partida).
    En los 60, como decíamos al principio, la poesía española comenzaba a apartarse de la tendencia social y el poema de Ángel González reúne unos rasgos que nos hablan de esta evolución: opone el sujeto lírico frente a la colectividad, el yo de la experiencia personal frente a la común. Se trata de una poesía que nos habla de la problemática existencial de los seres humanos y no de las injusticias sociales que hay que remediar; una poesía expresiva y contenida que ya no tiene que ver con el dramatismo de la lírica desarraigada.

23 de agosto de 2010

Ahora miras el mundo, de Francisco Álvarez Velasco






2


Ahora miras el mundo.
El mundo, que amanece vacío de señales.
Por sendas azuladas se fueron las palomas.
Secos están los cauces en los altos arroyos
en los pozos se aquietan las aguas de la noche.
La alondra con el alba no sale hasta el camino.
Miras caer el fruto desde el árbol y ves que no germina.

Deshabitado el pecho
miras al hombre, cerebral
y aséptico y ajeno, sin poder explicarse
toda la luz que ofrece el universo.
Miras al hombre examinar su pecho,
fríamente su pecho,
avanzar por los sueños no soñados,
calcular las palabras que quedan por decir ,
y hacer suma total y levantar el acta
de todos sus vacíos.

Miras al hombre en su afán resistirse,
orgulloso y erguido en sus deseos
y todopoderoso,
para ser al final la hoja última
en la rama más alta del aliso
que un momento titila con el aura
y después cae y se pudre con toda la hojarasca de la tierra.


(C) Francisco Álvarez Velasco
Del viejísimo jugo de la tierra
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMX