Mostrando entradas con la etiqueta poesia asturiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesia asturiana. Mostrar todas las entradas

24 de abril de 2011

Un poeta adulto con ojos de niño

24/04/2011

Un poeta adulto con ojos de niño
Aurelio González Ovies, poeta y profesor, en la plaza de El Carbayo. :: SERGIO LÓPEZ
Si la infancia es la patria de todos los hombres, la de Aurelio Ovies está fuertemente asentada en lo que él mismo define como «un paraíso». Y es que Bañugues, uno de los más bellos rincones de la comarca avilesina, y probablemente el asentamiento humano más antiguo del concejo de Gozón, es el lugar «donde nací y transcurrieron las cosas más importantes de mi vida». Lo dice un hombre cuyas reflexiones son reposadas, propias del quien ha visto mucho y lo ha leído todo. «Eso es una exageración, pero sí que es verdad que tengo esa costumbre desde pequeño... y que he hecho mi vida en torno a los libros», asegura no sin cierta timidez.
Y es que Aurelio es poeta por vocación, desde los doce años. Empezó escribiendo lo que el denomina ripios de la edad, basándose en la poesía que estaba a su alcance: Bécquer, Campoamor, Machado, Gloria Fuertes... y Miguel Hernández; su vida y su obra fueron lo que le cautivaron de este género literario. Tiene muy buenos recuerdos de sus primeros profesores, en las Escuelas de Bañugues, con especial predilección por dos de ellos: Jesús Cobas y Antonio Casín, que supieron inculcarle el amor por la literatura. Eran tiempos en que la ESO ni se imaginaba, y que Aurelio en cierto modo añora, porque daba una base de conocimientos más aceptable que el actual.
El BUP también era una opción «mucho mejor que el Bachiller actual», afirma. Y habla sabiendo lo que dice, puesto que profesionalmente se dedica a la enseñanza universitaria. Cree que si a un estudiante no se le da una buena base en Primaria y Secundaria, la Facultad no va a hacer ningún milagro. En su departamento, Filología, el panorama podría parecer más benigno. «Hay un montón de rebotados de otras carreras, y eso se nota mucho cuando les preguntas si leyeron 'El Quijote'... no es raro que nadie en el aula levante la mano», aclara de modo ilustrativo. Pero contra el alumno adocenado, hay siempre un contrapunto: el vocacional, que se esfuerza por aprender y conocer. «Eso siempre te da la esperanza de que la Universidad vuelva a ser un lugar donde nosotros, los profesores, no seamos los que tiremos del carro, sino que sean los alumnos los protagonistas».
De todas formas, Aurelio nunca ha sido el clásico 'profesor hueso' que llena de ceros los expedientes. Sus muchos alumnos certifican que es un 'buenazo' al que le da rabia suspender a chicos que, por lo general, no superan los 19 años. Da Latín, una asignatura con mala prensa que él cree que debería ser una base ineludible no solo en Filología, sino también en Historia.
Le gusta proponer textos fáciles, no todos los alumnos entienden con fluidez a Cicerón, por ejemplo. También busca en el día a día en el aula que sus alumnos aprendan cosas relacionadas con la arqueología, la cultura tradicional, las costumbres...
Con todo, Aurelio Ovies reconoce que llegó a la enseñanza «por cosas de la vida». Una beca de investigación, recién terminado Quinto y compaginada con el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica) le hizo empezar a dar clases en la Facultad. A eso se suma que fue vicedecano de Filología con poco más de 35 años, algo bastante inusual en el mundillo universitario, pero que a él no le parece importar.
La precocidad, en todo caso, es algo que este gozoniego lleva en las venas. En 1989 publicó su primer poemario, 'Las horas en vano', un libro del que no aclara si está muy satisfecho o no, pero del que no cabe ninguna duda que de que ocupa un lugar en su corazón. «No sé si hay mucho de mi en 'Las horas...', porque uno cambia con el tiempo», asevera para continuar con este razonamiento. «Uno siempre es el mismo, pero también hay que tener autocrítica; yo sé que no todo lo que he hecho soporta bien el paso de los años y de los libros».
Toda esta modestia, un tanto desarmante sabiendo que sus lectores son muy fieles, se disipa al hablar de 'Nada', un tomo editado en el año 2000. Su salida al mercado coincidió con el deceso de la autora de la célebre novela homónima, Carmen Laforet, y también con el de la propia madre de Aurelio. «Es un poemario duro, que expresa cómo me sentía entonces» relata con voz emocionada. El propio título explica el nihilismo y el dolor que encierra el volumen, una época «difícil», según refiere escueto, pero de la que siempre, mal que bien, se sale.
Hoy, Aurelio Ovies se ve ante todo como poeta. Ha publicado diez obras más, algunas para un público tan exigente como el infantil. Le gusta cómo interpretan las cosas; aunque es adulto intento tener ojos de niño al escribir. En castellano o asturiano indistintamente «porque todo es poesía», concluye rotundo.

Fuente: El Comercio

14 de diciembre de 2010

Un regalo de Navidad

. 

Mi canto,

para el hombre

que ansía llegar a casa

y lavarse las manos,

dar un beso a los suyos,

aproximarse al fuego,

responder a un abrazo,

o sentirse tan solo que humaniza una mesa.

Para el que ve la luz encendida y respira,

para el que huele el pan y se siente dichoso;

el que mira la luna sin querer conocerla,

el que alcanza primero la sed que el cántaro,

el que huele la rosa y no la corta.


El que nunca rezó y a su manera reza.

© Aurelio González Ovies

En Tardes de cal viva
Texto y voz: Sofía Castañón, en Señalados.-Programa Especial Navidad 2005 Música y Poesía, emitido por Teleasturias.
Música: I'll Be Home For Christmas. Kenny G
Realización: Catamaram

29 de octubre de 2010

Siempre traían sombrilla, de Aurelio González Ovies. En la voz de Sofía Castañón


            SIEMPRE traían sombrilla

            y maletas y perchas y los coches

            muy limpios.

                        Veraneantes puntuales como junio.

            Entraban en la casa, abrían

            los balcones,

            sacudían las colchas

            y enseguida se iban a tomar el vermú

            con un aperitivo

                        -qué palabras más raras-

            y a jugar al parchís, a la sombra, 

            debajo de la parra.

            Los muchachos comían, ansiosos,

            gran parte de los días

            en mi casa,

            preguntando por qué había tanta fruta

            en nuestra mesa

            y potas con comida,

            si mi padre era un simple

            conductor      

            del camión de la basura.

                        -Y a mí qué me importaba!-

            A finales de agosto,

            a mi madre le daban muchas veces

            las gracias.

            Un año me dejaron el pájaro

            y la jaula.

            El pueblo oscurecía muy temprano

            y caía la lluvia.

            Desprendía su humo la tristeza.

            Calor. Tierra mojada.

            Al alejarse, las bacas de los coches

            apiladas de bultos y de magia.

      
            Me quedaba el invierno.

(c) Aurelio González Ovies
Nada, Deva/ Ateneo Obrero de Gijón, 2001
Voz: Sofía Castañón desde El sillón Voltaire
Realización: Catamaram

25 de octubre de 2010

Escurecer, de Aurelio González Ovies


Son les siete la tarde. Ya teníen qu'afumar
les chimenees. Los sabugos
pelaos y murnios. La xelada espolvoriando
el so ritu platiáu sobre les teyes. Asómome
a la vida y empáñaseme lálma.

Nun hai naide nes cuadres.
Nun hai naide. Les siete.

Casi tolos espacios apuntalen vaciu.
Casi toles ventanes tan ensin encendese.

(C) Aurelio González Ovies
A imaxe del silenciu
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
Imagen: AGO
MMX